
Remedios Fernández Martínez
Escritora
La escritura es el eco de mis pensamientos en el papel.
Siento que mi alma encuentra su ritmo en las palabras.
Escribo desde niña.
Escribir es una forma de sentir; cada vez que lo hago, mi mundo se expande.
Actualmente estoy trabajando en un libro de poemas y en una novela que verá la luz en 2027.
BIOGRAFÍA
Remedios Fernández es hija de Fernando Fernández y María Martínez.Nació en Murcia en 1973. De raíces manchegas, concretamente de La Roda (Albacete).Su vocación siempre fue la Medicina. Se esforzó por ello y obtuvo sobradamente las calificaciones necesarias. Sin embargo, el sentido del deber le impidió cumplir su sueño de convertirse en médico cirujano.Inició su faceta literaria en 1992, aunque sin llegar a publicar.En 1994 vivió un año en Portugal y quedó cautivada por el idioma, que aprendió en la Universidade NOVA de Lisboa. Regresó a ese país cinco años más tarde, durante su primer embarazo.De vuelta en su tierra natal, compaginó diversas ocupaciones: teleoperadora comercial, profesora particular de educación primaria, cuidadora infantil, contable en varias empresas, operaria en la industria conservera, empleada en una empresa municipal de limpieza de edificios de organismos oficiales, representante de Tupperware y jefa de equipo en la oficina del INE, encargada del censo electoral de su municipio.Inició su andadura comercial en 1995 y, posteriormente, se especializó en seguros. Comenzó su trayectoria profesional en este sector en 2002 como delegada de una compañía de seguros española. En marzo de ese mismo año abrió su propia delegación, oficina que dirigió hasta julio de 2014.A partir de entonces decidió cerrar su oficina, dejar de ejercer como empresaria y trabajar online para dedicarse plenamente a sus dos hijos desde casa.Compatibilizó su faceta como madre con la escritura y el teletrabajo.En septiembre de 2025 publicó por primera vez sus escritos en Threads.Ganadora de varios retos literarios, publicará a finales de 2026 su libro de poemas «Antología del alma» y, en 2027, su novela «Mil y una noches con Jade», en la que está inmersa actualmente.En cuanto a sus aficiones, Remedios Fernández disfruta de las pequeñas cosas que hacen especial el día a día: el cine, la música, la lectura y la escritura, pero también el placer de cocinar, cuidar de las personas que quiere y mantenerse activa. Le encanta perderse junto al mar, caminar, montar en bici, conectar con la naturaleza, viajar siempre que puede y descubrir nuevas formas de expresión artística, especialmente a través de la pintura y el arte en general.Apuesta por una vida saludable y consciente, en equilibrio entre su cuerpo y todo aquello que nutre su bienestar. Por encima de todo, valora el tiempo compartido, las conversaciones, las risas y los momentos junto a las personas que son importantes para ella. Porque vivir la vida tiene mucho que ver con compartirla.
Remedios Fernández, años 2003, 2008, 2013 y 2023

CALMAAcude a la contemplación del mar como un espejo de su fuerza.
Se presenta ante la grandeza y la furia del océano.
Busca su oráculo y su imponente poder.
Viene a ser testigo de su bravura indómita.
Se muestra ante la soberbia del agua.
Halla su poderío mientras lo admira.
Se entrega a su abrazo, allí donde su vigor se manifiesta sin velos.
Se deja vencer por su brío.
Va a sus entrañas para apreciar su corazón de espuma y rocas.
En su superficie yace un tesoro de historias que extrae, sin que nunca se agote su riqueza.
Ante su vastedad, su imaginación encuentra un horizonte sin fin para sus creaciones.
La tinta en una cala se convierte en bálsamo para su dolor.
Escribe y lee sin cesar.
El extenso piélago le recuerda que su hermano es rápido en emitir juicios, aunque lento en rectificarlos.
Ya sabe que “la gente tarda en juzgar, pero mucho en corregirse”.Remedios Fernández Martínez
8 de abril de 2026

TÚ, CAFÉ Y CANELATres cafés con mi canela,
en ayuno y más madera,
dieciséis horas entera,
sin azúcar, sin que duela.Autofagia y mi novela,
tu amor en todo momento,
mi magnesio, mi sustento,
tan solo ansío tenerte,
siempre sueño merecerte,
amarte con sentimiento.Remedios Fernández Martínez
16 de septiembre de 2026

EN TU PALMATus besos son mi desvelo,
solo por ti me estremezco,
a tu lado permanezco
y contigo toco el cielo.Con nada hallo mi anhelo,
eres tú la luz de mi alma,
la brújula que me calma,
mi guía y mi pensamiento.
Habitas cada momento,
sujeta firme mi palma.Remedios Fernández Martínez
11 de septiembre de 2026

PARECE QUE VA A LLOVERParece que ya va a llover,
haces que olvide la prisa,
tu letra llega en la brisa,
me enseñas la pieza a mover.Pulso que podrá conmover,
me escondo en tenue quebranto,
leyendo tu leve manto,
no dispersa, sí cautiva,
por ti atenta, franca, viva,
¡ebria de tu hechizo santo!Remedios Fernández Martínez
10 de septiembre de 2026

HOY ME HE LEVANTADO CONTENTOHoy, amanecí contento,
traspuesto sobre mi cama.
Tu piel sedienta me llama,
jamás soñé tu sustento.Por ti no existe lamento,
logras que sane mi herida,
sin falta ni despedida.
Me salvas de lo perdido,
y al fin me siento rendido,
¡amas hasta expirar vida!Remedios Fernández Martínez
3 de septiembre de 2026

AMANECERMi único anhelo es cuidarte,
por ti amanecer querida,
festejamos plena vida,
prometo siempre tenerte.Estar sin nunca perderte,
trazamos bello camino,
seguimos firme destino,
brindamos luz al mañana,
deleite puro que sana,
sentir por fin lo divino.Remedios Fernández Martínez
2 de septiembre de 2026

BALUARTEMi único anhelo es amarte,
me miras con puro celo,
me sueñas con gran desvelo,
contigo todo es baluarte.Nuestro día a día es arte.
Año Nuevo a Viena iremos,
por París caminaremos,
Suiza guarda gran valor,
Klementinum da esplendor,
y en bibliotecas leeremos.Remedios Fernández Martínez
2 de septiembre de 2026

YA TODO ES TUYONo esperes nada de mí,
si ya te di mi amor entero,
mi vida con mi sendero,
todo lo puse junto a ti.Te entregué cuanto había en mí,
dispongo de dulce calma,
porque tú habitas mi alma.
No hay amanecer sin verte,
ni un latido sin quererte.
¡El sol sin ti me desalma!Remedios Fernández Martínez
19 de septiembre de 2026
DOS LUCEROS SIN ENGAÑOS.Te amo entero y verdadero,
limpio como el azul cielo,
verde hierba, puro anhelo,
cristalino, muy sincero.
¡Eres mi foco certero!Ojos dulces, dos castaños,
mágicos, tiernos, con años,
velan por ti tan prendidos,
chispa que deja encendidos
dos luceros sin engaños.Remedios Fernández Martínez
2026

DE TRAVÉSNo estoy distraída, ya ves,
tu recuerdo me desvela,
tu nombre claro revela
por qué todo gira al revés.Tu mirada fue de través,
mi mente va ya perdida,
mas late viva mi vida,
me siento libre en tu vuelo,
pisando bien firme el suelo,
con pulso de luz latida.Remedios Fernández Martínez
10 de septiembre de 2026

MI VIDA, MI AMOR, MI TODOMi único anhelo, encontrarte,
que busques mi bien sagrado,
que en mí te sientas anclado,
siempre poder complacerte.Ser confidente y oyente,
mejor amiga y amante,
tu esposa fiel, rebosante
de felicidad por tu piel,
bañarte conmigo y ser miel,
con tu pasión fascinante.Remedios Fernández Martínez
31 de agosto de 2026

PODER MERECERTEMi único anhelo es ser tuya,
que en mí te sientas dichoso,
que vengas a mí ansioso,
siempre poder merecerte.Mañana y noche envolverte,
ser para ti hermosura,
ofrecerte mi frescura,
izar velas del navío,
navegando en tu albedrío
que atraviesas con bravura.Remedios Fernández Martínez
31 de agosto de 2026

LA CURALa observa y la hace suya:
sus labios dicen "te amo",
sin voz le gritan "te extraño"
hasta que su cuerpo fluya.No hay nada que haga que huya.
Respira solo su aliento,
su piel cobija en el viento,
su cosmos, su tierra y todo,
la cura del mal con yodo,
la lleva en el pensamiento.Remedios Fernández Martínez
30 de agosto de 2026

LA OSCURIDAD ME CONFUNDEDesconsuelo de distancia,
pincelada de soledad,
sumida en total orfandad,
vacío de tu fragancia.¡Eres de suma importancia!
Sin ti me siento perdida,
¡y duele tanto la herida!
La oscuridad me confunde.
No evito al llanto que inunde
mi rostro toda mi vida.Remedios Fernández Martínez
29 de agosto de 2026

HOY NO ME QUIERO LEVANTARHoy no me quiero levantar,
me duele el pecho por dentro,
no hay luz alguna en mi lecho,
por ti no puedo respirar.Perdida sin lograrlo hallar,
metida en este suspiro,
rota por triste motivo,
bajo un sol que no se enciende,
sin nada que me revele,
mientras me apago despacio.Remedios Fernández Martínez
24 de agosto de 2026

🖋️Uno de los géneros narrativos que más me gusta escribir es fantasía: ya sea cuento, novela, leyenda, mito o fábula.
📕Y en mi novela, que verá la luz dentro de unos meses, los abordo todos.
✍️Aunque también disfruto mucho escribiendo en los géneros lírico, dramático y didáctico.
Por eso me gusta escribir poesía, teatro, ficción y no ficción.
Aquí os muestro un texto de fantasía.
Deseo que disfrutéis leyéndolo. Gracias por leerme. 🫂
PROMESA CUMPLIDA
Una vez llegaron a Malmö, Erik y Jade fueron directos al parque de Slottsparken, el pulmón verde principal cerca del casco antiguo de la ciudad, donde la brisa escribía “para siempre” en el aire. Allí vivían dos mariposas que no aprendieron a medir el tiempo.Una se llamaba Satén. Sus alas eran de un marrón que solo aparecía lleno de pigmentos seis minutos después de la lluvia, cuando el cielo no sabía si llorar o festejar. El nombre de la otra era Tizón; tenía las alas impregnadas de azul en todas sus tonalidades, como si hubiera rozado el cielo antes de amanecer.Coincidieron una mañana en la rosa blanca más hermosa del área. Ninguna de las dos sabía acercarse sin vibrar.—Te vi pasar ayer —musitó Satén—. Tu vuelo dejaba un soplo que me ayudó a impulsarme. Pensé que estabas desaparecido. Hace mucho que dejé de saber de ti.—Practicaba para mejorar —respondió Tizón—. Mi objetivo es aprender a usar mis fuertes músculos torácicos y llegar a ser más ágil para escapar de depredadores. Para protegerte.No decía la verdad. Ya era experto en eso. Había oído que prevalecían falenas que se deleitaban con trazos de aros para conseguir lo que anhelaban. Y su intención era no verse obligado a irse nunca del rosal algodonado por donde ella se instruía.Los días pasaron con aleteos de contorno. Compartían rocío matutino. Se contaban que el viento del Sur acariciaba con historias de mundos lejanos y que olía a minerales y a maravillas que no existían allí. Cuando hacía frío se movían en un patrón de ocho extremidades, y les permitía ser casi perfectas en sus acrobacias.
Se cerraban juntas y el mundo se limitaba al sonido de sus corazones que latían fuera de su cuerpo.Un día llegó el Viento del Norte. Era seco, viejo, y no disponía de fuerza dentro de las esferas.—Se acaba el buen clima —les comunicó—. Los brotes se marchitan. Si no os vais de aquí, las bajas temperaturas os dejará sin potencia.Satén miró a Tizón. Su ptera parda palideció poco a poco.—¡No me iré sin ti! —exclamó él. Permaneceré a tu lado —añadió.
Pero él sabía que sus escamas alares añiles no soportarían el largo viaje. Se fatigaba rápido. Había nacido sobre el terreno, donde el aire no cesa y es denso.
La víspera antes de la partida llevó a Satén a la falda de la montaña más cercana donde crecían los rosales.—Abre los ojos —esperanzado de que recuperase su brío, le comentó.Y con un temblor por todo, él empezó a delinear discos de forma continuada. Arqueados, pausados, naturales.—¿Qué pretendes? —preguntó ella.—Marco mi deseo —respondió contento—. Para que nunca olvides el color café que tienes de la tierra donde naciste. Esa que te hace invencible para lograr lo que te propongas.Satén no replicó. Solo comenzó a planear con él. Sus anillos eran inmejorables, pero insistió hasta que llegaron a ser irregulares igual que los de él.Cuando salió el sol, el Viento del Norte regresó. Satén emprendió camino hacia el Sur. Tizón se mantuvo en el valle, para visualizar cómo el ocre se proyectaba en un punto reflejado por la lluvia y alimentaba su sentir por Satén.Ella dio la vuelta a mitad de camino.—¡Los redondeles excelentes no valen para nada si no estoy contigo! —con voz alta le hizo saber al llegar junto a él—. Alcanzaremos nuestra meta al constituir un buen equipo, aunque no sea impecable lo que hacemos.
Continuaron en las flores de novia, que parecían nubes, como Tizón las calificaba. Cuando se inició el descenso térmico, se plegaron uno sobre el otro. No fallecieron. Llegaron a ser el primer signo de vida aérea al entrar la primavera que resurgió después del duro invierno.Dicen que si transitas por ahí en marzo y te detienes, puedes divisar dos alevillas, una carmelita y otra cerúlea, saliendo de la misma corola.Diseñan círculos irregulares.Y huele a promesa cumplida.Esta fue la historia que le relató Jade a Erik sobre la mandala que extendió en el césped, a la vez que acariciaba su mano tal como lo haría una crisálida.—Te comería a besos, entre las sábanas del lecho. Tengo alma de explorador. Añoro dibujar tu mapa. Fondear en tus bahías; coronar todas tus cimas. Internarme en tus cuevas del deseo. Piel contra piel, sentimientos bendecidos entre latidos y ... —emocionado le murmuraba mientras la estrechaba entre sus brazos.Remedios Fernández Martínez
13-05-2026
Un pequeño texto dedicado a mis padres.🙌🤍🙌🤍
EL ORIGEN DE MI NOMBREAntes de tener voz,
ya fui silencio.
Mi madre dejó de oírme dentro.
Ella, con anemia en la sangre.
Yo también la atesoraba.Dos cuerpos fuertes a la vez, pero con un nivel de hemoglobina que
descendía cada vez más.
La palidez de mi madre iba en aumento.
Nací viva, con su piel, su pelo y sus ojos.Mis padres eran de La Roda. Tierra llana y cielo de juramentos.
Ellos vinieron a vivir a Murcia. Mi padre, constructor de obras.
Mi madre, de vidas y vestimentas.
La Virgen de los Remedios,
la que viene a sus pensamientos cuando la cosecha se complica,
cuando el niño no respira,
cuando ya no quedan sustantivos para la desdicha.Hicieron una promesa:
“Si nos la dejas, si la oyes tú,
si llega viva al otro lado del dolor,
se llamará como tú.
Que lleve tu nombre como un amuleto para que mejore el torrente
que la recorre”.Nací grande, aunque me faltaba color.
Con el llanto tarde, pero entero.
Y el primer sonido que emitió mi madre, después de tantos meses
de sorda angustia, fue: “Remedios.
Reme la llamaremos”.Me bautizaron así porque fui un trato entre la muerte y una Virgen
de un pueblo manchego.
Porque mi existencia se la deben a ella.Llevo La Roda en las venas como quien contiene hierro:
a golpes, pero firme.
La R de regalo,
la E de esperanza,
la M de madre que se vació para llenarme,
la E de entrega,
la D de deuda,
la I de insomnio,
la O de oro que brilla en su manto,
la S de suspiro cuando por fin lloré.No curo.
No soy milagro.
Soy solo la niña que no murió.
La que oyeron de nuevo.
El remedio que pidieron un hombre y una mujer durante un largo
periodo de gestación.Remedios porque estuvieron a punto de no tener que referirse a mí de
ninguna forma.
Y cada vez que lo pronuncian,
La Roda entera respira
dentro de mí.Remedios Fernández-Martínez
08-05-2026

EL SILENCIO FINAL—Entra. Te mostraré los libros que necesitan tu ayuda — fueron las primeras palabras del prelado.Se llamaba Valerius de la Vega y le encantaba ojear las estanterías del despacho del purpurado.—Eminencia, ¿usted cree que un hombre puede cambiar con el paso del tiempo? — preguntó una noche tras la cena.Al cardenal Matías, prefecto de uno de los dicasterios de la Curia, se le dibujó una sonrisa en el rostro mientras servía el Cabernet Sauvignon en las copas de gran volumen y arquitectura majestuosa. Era un hombre noble, sencillo en la forma de ser, amigo de sus amigos y habituado a la administración de la Santa Sede más que a la sociedad.—Hijo mío, cambiamos un poco día a día sin darnos cuenta. Nos transformamos y evolucionamos. Es inevitable. Dios espera sin cansarse.Llevaban desde la primavera anterior cenando juntos en una trattoria discreta del Monti. Valerius había regado esa amistad gota a gota, con una constancia minuciosa. Matías le hablaba de custodias, de silencio, de manuscritos.Cada velada era una ceremonia. Un sábado, tortellini in brodo de capón con láminas de trufa negra de Norcia y espuma de foie gras de oca, maridado con una copa de Dominio de Pingus 2021. Un domingo, canelones de pato confitado y manzana reineta caramelizada, con salsa de Oporto y espuma de queso Cabrales y un Rioja Gran Reserva que el cardenal guardaba para ocasiones especiales. Un lunes, lasaña de cordero lechal segoviano, su jugo ligado al romero, bechamel de leche de oveja y pecorino de fossa y un Priorat oscuro, profundo.—Este vino español tiene alma — decía Matías —. Como los ejemplares que protejo. Sobrevive a través de los siglos.Valerius asentía. Su objetivo no era la bodega.Su blanco yacía bajo tierra. En el búnker aclimatado de la Biblioteca Apostólica: el Codex Vaticanus, el Papiro Bodmer, el Virgilio iluminado, la Divina Comedia de Botticelli, el Cancionero galaico-portugués, la colección cartográfica y los áureos romanos.Un jeque instalado en Dubái le había hecho el encargo. Un anticuario obsesivo de perpetuidad le había prometido una cifra significativa para él.—Cuando me haga entrega de la remesa que le solicito, usted desaparecerá — le dijo por teléfono satelital, con voz zalamera —. Será un acaudalado permanente.Valerius logró el acceso al recinto. No te desvelaré cómo lo consiguió. Usó conocidos, patrañas y una tarjeta magnética obtenida de manera ilícita. Eludió inspecciones. La noche en cuestión, bajo luz neón, se le reveló, reunido, aquello que ningún profano había tenido la oportunidad de contemplar. Aseguró los códices en los contenedores ignífugos que tenía listos y abandonó el lugar.Se hizo con todo.A las 48 horas el jeque lo esperaba en una suite del Atlantis The Royal. Valerius fue extendiendo el botín sobre la mesa, pergamino a pergamino. El emir, de kandura blanca impoluta, miraba sin llegar a rozarlos.—Maravilloso — murmuró —. Una exquisitez.—Hemos finalizado — dijo Valerius, mientras secaba el sudor de su frente con su pañuelo —. Ahora nuestro trato.El sultán aplaudió de forma satisfactoria. Entraron tres sujetos con cara de pocos amigos.—Así es — contestó —. Le liquidaré con aquello que un individuo como usted no puede saquear:—¿Cómo?—Con el más allá.Valerius comprendió cuando ya era tarde. El acaparador compulsivo no quería espectadores. Ni mediadores. Ni vestigio.—Manos que desvalijan el cielo no tienen derecho a apuntar al que expolea la Tierra — afirmó el cleptómano semita.En aquel instante, sonó el móvil de Valerius. En videollamada: "Cardenal Matías".El jeque esbozó una mueca alegre.
—Reaccione. Quiere darle la Extremaunción.Remedios Fernández Martínez
19 de septiembre de 2026

UNA VENDA EN LOS OJOSCuando Pietro Garsea prosperó hasta lo inimaginable, no adquirió solo un yate. Levantó un verdadero imperio.—Esta urbanización es mi ópera prima — afirmó la noche de la presentación oficial, brindando ante la cúpula del poder y la influencia regional, a la que había obsequiado con un gran detalle.Para festejarlo, dispuso el aterrizaje de un jet privado en la pista. De su interior apareció Kenny G, el saxofonista más codiciado de la época.—¿Está esta multitud concentrada para escucharme a mí? — preguntó Kenny, antes de probar su instrumento de viento.—Para que recuerdes por quién viviste esta experiencia — respondió Pietro, y se abrazaron.Esa velada no careció de lujo alguno. A su socio, un reloj Cartier. A su hermano, las llaves de un restaurante. A sus parientes y conocidos, el mejor champán y caviar, vacaciones pagadas, tarjetas de crédito.—¡Eres de mi sangre! — le vitoreaban.—¡Te queremos, Pietro!Y él confiaba en los sentimientos ajenos. En lo que le hacían creer.Dos veranos después, enfermó, tuvo que ser hospitalizado y pasar una larga convalecencia en casa. Una dolencia de nombre largo y feo que lo mantuvo 25 meses alejado de la vida social. Semanas de ingreso en una clínica de Suiza, de baja laboral, de cuentas agujereadas.Telefoneó.—¿Ludovicus? Soy yo. ¿Vienes a por mí? Me dan el alta.—Uf, Pietro, ahora estoy muy atareado con lo de Madrid. Te llamo después.Esa hora nunca llegó.Insistió con otro compañero de juergas y con tres familiares más. Recibió pretextos, mutismo, evasivas y desatención.Fueron un par de años exactos para hacer su balance vital: cuando repartía, tenía doscientos colegas íntimos y era el patriarca. Al dejar de dar, se sintió desamparado. Su riqueza disminuyó, y con ella se alejaron todos los aduladores que aseguraban estimarle.Se repuso, aunque con una cojera leve, un brazo sin fuerza y una cicatriz que le cruzaba el torso. Volvió a su residencia habitual. Suponía que su joven y bella esposa lo esperaba. No había nadie. Las obras de arte no se hallaban en su lugar, la piscina estaba llena de algas, la puerta de la garita del chófer de guardia cerrada, las luces apagadas.Encontró su sitio en el bordillo de la acera, allí donde lució la alfombra roja en la inauguración del resort. Lo invadió la soledad. Una tristeza profunda.Así comprendió lo superficial que era el engranaje de su entorno. Para obtener resultados diferentes debía proceder de distinto modo. Tiró el móvil a la fuente del jardín. Consiguió un número nuevo.Esa mañana efectuó dos llamadas telefónicas.La primera, a Kenny G, el músico. —Kenny, ven. Haz sonar tu saxo. Seré tu espectador.La segunda fue a su testaferro, su consejero más lúcido, la única alerta honesta que no escuchó a su debido tiempo.—Estabas en lo cierto — le manifestó —. Te necesito a mi lado.Se convirtió desde esa fecha en su hombre de trato cercano.—Pensé que no querías saber más de mí por mi sinceridad — declaró explícito él tras un silencio.—Para nada — contestó Pietro, al analizar que la gente que lo rodeaba no era como pensaba —. Acabo de entender que te atreviste a ser mi adversario cuando el resto fingían ser mis aliados. Y ahora se me ha caído la venda de los ojos y he dejado de ser un ciego ignorante.Recobró la sonrisa por vez primera en el último bienio. Se puso en pie y dejó un cartel en la puerta de su casa que ponía: “VENDIDO”.Y en ese instante le vino a la mente una frase: “Ten cerca a tus amigos, pero más cerca a tus enemigos”.Remedios Fernández Martínez
21 de septiembre de 2026

TODO POR VIVIREn el hospital olía a antiséptico penetrante. El trasluz invernal se colaba entre las sábanas ajadas.A ella se le escapaba la vida sin haber tenido la oportunidad de disfrutarla. Pero ahora, por fin, podía contemplar sus ojos de enamorado.Él sostenía su mano, fría y temblorosa, que anunciaba la antesala del inevitable epílogo. Su respiración entrecortada marcaba los segundos escurridizos. Su amor verdadero y la pasión irrefrenable del primer día permanecían intactos y radiantes.Solo había un inconveniente: la máquina ya dejaba de funcionar y la despedida se aproximaba. Fue entonces cuando él se inclinó y le susurró:—No te vayas todavía, amor. Aún no te he contado cómo finaliza nuestra historia.—¿Termina? —alcanzó a decir ella con un hilo de voz.— No. Empieza, mi vida. —le cuchicheó él cogiéndola en brazos y llevándola hacia la capilla.Ella despertó de un sueño febril acurrucada a él.Remedios Fernández Martínez
18 de septiembre de 2026

EL FILME QUE LES HIZO RELATIVIZAR—¿Cuántos otoños necesitaste para no confundir querer con amar? —preguntó ella, con el cabello blanco y dos telediarios por delante, mientras se reía.—¡Perdí la noción del reloj de tanto amarte, cariño mío! —respondió él, pletórico—. Creía poseer su significado hasta que caí en la cuenta de que la vida es efímera y preciosa por eso mismo.—Ser fiel a tus sentimientos libera, sostiene, ilumina y aporta salud —susurró ella, tomándole la mano.—¿Entonces por eso hemos sanado, amor mío? —dijo él, casi sin mover los labios, de la emoción.—Cuando la mente florece, el cuerpo lo celebra, mi vida. Ahora somos dos mayores radiantes y contagiamos energía positiva a los demás. Al fin escuchaste tu latido y el mío. Dentro de nuestro pecho siempre ha habitado una brújula infalible capaz de orientar cualquier tormenta para saborear lo venidero y lograr que sea una existencia próspera, tranquila y dichosa —dijo ella, sonriente.—¿Y cómo consigo más tiempo para adorarte, amor mío?—No me hace falta bastón, me sostienes tú, mi amor. La semana próxima me entregan la medalla a la señora más longeva de la región y quiero que subas conmigo. Siempre nos quedará el huerto de los callados, que ahora está lleno de canciones, alegría, fresas y arándanos —añadió ella.Aprendieron a ser libres cuando decidieron dejar de planificar anhelos y hacerlos realidad al disfrutar de sus paseos, viajes, lecturas, música, películas, menús y su intimidad.—Si pudiese volver al pasado, no dormiría sin ti ni una sola noche, amor de mi vida —le decía a su amada mientras la besaba y le secaba las lágrimas, que ahora eran de risa, sobre su tez aún suave y tersa.Este fue el filme que vieron juntos y los unió para siempre, justo antes de que él le cantase cumpleaños feliz por segunda vez, que sonó mejor que la primera.Vivieron entregados el uno al otro treinta años más, complacidos con lo que poseían. Y los que siguieron."El corazón puede ser débil, pero algunas veces es todo lo que necesitamos".Remedios Fernández Martínez
16 de septiembre de 2026

CARTAS QUE VUELANEntre Suecia y España nacía una alegría y afinidad que ni la distancia hacía mella en su manera de amar.Cada viernes iniciaban su fin de semana a las seis de la tarde. Ella encendía la vela, él preparaba té de jengibre. La pantalla era el puente, y la risa la clave para eliminar el distrés. Sentían verdad y eran tal para cual.Cataluña fue el primer lugar en el que sus miradas incesantes, sus frases preliminares y la ausencia de prisa, en un taller de arquitectura, culminaban en amistad inevitable.¿Qué quieres que te diga?
Que la entrega fue mutua.
Él le enseñaba palabras nuevas en latín. Ella le leía las escrituras de su niñez que almacenaba en cajas en el desván.Planeaban su cita: desayunar en una terraza de una suite: café, pan, aguacate, kéfir, frambuesas, kiwi y un dulce de nata y crema pastelera.Hablaban de disfrutar, de cuidarse hasta el fin de sus días. Caminar ciudades sin mapa y recuperar sin tabúes las etapas pasadas en las que la lejanía separaba la tierra en la que residían.“Faltan muchas semanas”, decía él, aunque su felicidad era guardar el par de billetes de tren y escuchar sus listas de música que bailarían el día que se vieran.Tejían planes reales que se dirigían hacia las caricias que cada vez estaban más cerca en el almanaque de sus respectivas casas.Un lunes él susurraba al llamarla al despertar:
—Querer así es entrenar el alma para vivir plenamente esta existencia.
—Y valdrá la pena la espera, mi vida —añadía ella.Seguían sin que sus fuerzas desfalleciesen, hasta llegar a respirar en la misma cama, libres de que nada ni nadie les impidiese elegir.Remedios Fernández Martínez
8 de agosto de 2026

ASÍ EMPEZÓ TODO"No acostumbro a dar nunca referencias. Es una norma que sigo siempre". Con esas palabras, la misteriosa Mary Poppins podría haber descrito correctamente a la diseñadora de interiores, Jade, que se encontraba sentada en un café del Barrio Gótico de Barcelona. Esperaba a su cita con el arquitecto, Erik. Se habían conocido en un proyecto de una reforma integral de un loft en esa barriada y, desde entonces, no habían parado de hablar.Jade, con su pelo castaño y sus ojos marrones, era una mujer con estilo distinguido, pero una forma de ser humilde. Esa tarde iba vestida con un smoking negro que guardaba desde hacía veintitrés años. Poseía un sentido del humor inteligente, que empleaba solo con las personas de plena confianza.Erik apareció con barba de dos semanas y una sonrisa sincera. Su camisa oscura en color liso resaltaba su blanca piel. Le apasionaba la arquitectura modernista y la fotografía. La mirada de Jade brillaba cuando lo tenía cerca de ella. Jade se incorporó para saludarlo con un beso en la mejilla. Pero Erik no dudó en abrazarla también.—Disculpa el retraso —dijo él, mientras acercaba su silla. Ella sonrió y le ofreció una taza de su té rooibos.
—No te preocupes, he disfrutado del sol —respondió Jade.Erik la admiraba y pensaba en lo afortunado que era de haberla encontrado.
Hablaron de todo y de nada. Rieron y bromearon como si se conocieran de toda la vida. Jade compartió con Erik su último trabajo; un hotel boutique en la playa de Levante. Él le comentó su idea sobre un nuevo edificio de estudios en el barrio de Les Corts. La charla discurrió con naturalidad y, antes de que se percatasen, pudieron disfrutar de una puesta de sol maravillosa.—¿Quieres cenar conmigo? —no dudó en expresarle su deseo de compartir la noche con ella, mientras él pagaba la cuenta. A Jade se le dibujó una sonrisa en la faz y recordó que era su día de ayuno prolongado.
Aún así, asintió con la cabeza con ternura.
Se levantaron de la mesa y salieron del local, dispuestos a disfrutar de la noche de la Ciudad Condal y de la compañía del otro.
Erik le preguntó:
—¿Puedo cogerte la mano?
Y antes de que Jade le dijese nada, él rodeó su brazo por su hombro y ella sintió la paz y tranquilidad que hacía tiempo no experimentaba.
—Te quiero, y eso siempre será así —le susurró contento al oído.

PUÑO Y LETRACreo que empecé a escribir a los ocho años porque me hacía bien y me apasionaba. Redactaba historias, componía poemas, se los leía a mi madre y, por h o por b, terminaban en la basura. Recuerdo que a ella le gustaba lo que salía de mi puño y letra.—Sé que no es fácil —me decía—.Tienes que sentirlo de verdad.El teclado pasó a ser mi cincel de trabajo. Me pasaba doce horas en la oficina y, entre cliente y cliente, ahí estaba yo otra vez inmersa en mis textos y en mis versos. Paso a paso crecían mis párrafos, como las obras que mi padre dirigía junto a sus oficiales y peones de albañil.Cada oración la trataba con sutileza hasta que sonara correcta en estilo, puntuación y gramática.Aunque pienso con pluma. La percibo en el callo de mi dedo, liviana, esbozando anhelos sobre hojas que me duele no usar, hasta hacer que el manuscrito respire por sí solo.Hoy mis relatos rompen el encierro.Remedios Fernández Martínez
9 de junio de 2026







